Recordando el Discurso de Fidel por el Día de la Victoria
Tomado de Fidel Soldado de las ideas
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL ACTO
CENTRAL CONMEMORATIVO DEL XXX ANIVERSARIO DE LA VICTORIA SOBRE EL FASCISMO, 8
DE MAYO DE 1975
Fecha:
08/05/1975
Querido compañero Nikita
Tolubeev, Embajador de la URSS en Cuba; Queridos compañeros miembros de la
delegación soviética al XXX Aniversario de la victoria sobre el fascismo;
Héroes de la Unión Soviética;
Asesores y técnicos soviéticos
que desempeñan sus tareas en nuestra patria;
Queridos compañeros de la
dirección del Partido y del Gobierno;
Queridos compañeros trabajadores:
Nuestro pueblo quiere rendir el
tributo más profundo a esta histórica fecha.
La propia Revolución nos ha
enseñado a tener una valoración cabal de los acontecimientos históricos.
Cuántas veces nos hemos reunido, en este mismo sitio, a recordar nuestra
victoria de Girón, aquella batalla que duró tres días y que significó la muerte
de más de 100 compatriotas.
No por su duración, ni por el
número de hombres que murieron, podemos subestimar la enorme importancia de
aquel hecho y los miles de vidas, los cientos de miles de vidas que se
ahorraron a la patria en aquellos tres días, pues si el enemigo hubiese podido
establecer una cabeza de playa firme y un gobierno contrarrevolucionario, con
intervención de OEA y Estados Unidos, quién sabe cuán infinitos sacrificios
habría significado para nuestro pueblo.
Pero nuestra propia experiencia
sirve para dar una dimensión de lo que significó para la humanidad la victoria
contra el fascismo, el aporte decisivo del pueblo soviético a esa victoria, los
cuatro años de guerra y destrucción y los 20 millones de muertos para salvar a
la humanidad del fascismo, para salvar a la humanidad del dominio universal del
fascismo.
Podemos tener una idea de cuántos
cientos de millones de vidas, cuánto horror y cuánta esclavitud, cuánto dolor y
cuánto sufrimiento ahorró a la humanidad la victoria sobre el fascismo.
El fascismo surge en el mundo
precisamente después de la Revolución de Octubre; el fascismo surge en el mundo
como un instrumento contra el marxismo-leninismo. Fueron los países
capitalistas y los países imperialistas los que crearon las condiciones para el
surgimiento del fascismo en el mundo; y toda la campaña de los fascistas, desde
que surgieron en Europa, se encaminaba hacia el anticomunismo, hacia el
exterminio de los comunistas y hacia la destrucción de la Unión Soviética.
Una vez derrotada la primera
intervención contra la Revolución de Octubre, comenzó a surgir con fuerza esta
nefasta corriente política en Europa. El fascismo era la expresión más acabada
del pensamiento reaccionario burgués e imperialista; y desde que Hitler salió a
la palestra pública declaró sus propósitos de agredir un día a la Unión
Soviética, proclamó sus doctrinas racistas y sus ideas acerca del exterminio de
pueblos enteros, de la esclavización de decenas de millones de hombres y de las
conquistas de nuevos territorios.
Hay que decir que toda la
humanidad pagó muy caro este fenómeno político, que toda la humanidad pagó muy
caro este engendro de los burgueses y del imperialismo, porque hasta los
propios países capitalistas, en un momento determinado, se vieron agredidos por
el fascismo.
Todos recordamos aquellos años
trágicos que precedieron a la guerra; todos recordamos la política
conciliacionista con el fascismo de los países capitalistas; todos recordamos
el criminal reparto de Checoslovaquia, que fue desmembrada y repartida para
satisfacer las ansias expansionistas del fascismo, claudicando vergonzosamente
los gobiernos capitalistas frente a las exigencias de Hitler.
En el fondo, la política de
aquellas potencias se encaminaba a lanzar al fascismo contra la Unión Soviética,
a empujar a las hordas hitlerianas hacia la URSS.
Todos recordamos cómo comenzó en
aquella época la guerra: con la invasión de Polonia, cuyo gobierno reaccionario
de entonces prefirió los riesgos del aislamiento y de la agresión a la
coordinación de su propia defensa con la Unión Soviética. Todos recordamos
cómo, después de la invasión a Polonia, se inició la invasión a Noruega, de
Holanda, de Bélgica, de Francia, de Dinamarca. Y recordamos también cómo los
ejércitos de los países capitalistas se desplomaron prácticamente sin
resistencia. En cuestión de días, en algunos casos, y en cuestión de semanas en
otros, las naciones unas tras otras fueron derrotadas.
La noticia de que los tanques
estaban a la retaguardia y los bombardeos aéreos, desmoralizaron totalmente a
los ejércitos burgueses, que fueron incapaces de resistir la agresión
hitleriana. Y cuando los fascistas tenían prácticamente dominada a Europa, con
todos los recursos y la técnica de la economía europea, iniciaron en el mes de
junio de 1941 el ataque cobarde y traicionero contra la Unión Soviética.
La Unión Soviética se había
esforzado por preservar la paz, la Unión Soviética se había esforzado por
reunir a todas las fuerzas antifascistas de Europa, la Unión Soviética se cansó
de predicar incesantemente la necesidad de frenar el fascismo. Pero ello chocó
contra la ceguera y la sordera de los dirigentes de los países capitalistas.
¿Qué ocurrió, en cambio, cuando
se produce la invasión a la Unión Soviética? Todos sabemos la epopeya de
Brest-Litovsk, de aquella fortaleza que durante semanas enteras, cuando las
tropas nazis estaban ya en lo profundo de su retaguardia, resistió
heroicamente, con un puñado de hombres, la embestida de una división entera.
¡El pueblo soviético no se
desmoralizó, los soldados soviéticos no se desmoralizaron ni aun cuando los
tanques y las tropas enemigas estaban a decenas de kilómetros en su
retaguardia!
Los ejércitos de Hitler estaban
acostumbrados a luchar contra regímenes sociales reaccionarios, contra
regímenes sociales capitalistas, contra ejércitos burgueses. Y cuando se
produce la agresión a la Unión Soviética, se encuentran por primera vez con un
tipo de ejército diferente, con un tipo de soldado diferente, con un tipo de
pueblo movido por otras motivaciones, y se encuentran desde el primer instante
una resistencia encarnizada: ¡Los soldados soviéticos morían defendiendo sus
posiciones! (APLAUSOS)
¡Los soldados soviéticos se
negaban a rendirse, los soldados soviéticos no se dieron jamás por vencidos! Y
cuando estaban cercados, una y otra vez atacaban y contraatacaban para tratar
de abrirse paso. Y a pesar de los tremendos golpes que propinó la traición del
enemigo en los primeros días de la guerra y en los primeros meses, en ningún
instante aquel pueblo y aquel ejército se desmoralizaron.
¡El ejemplo de la Unión
Soviética, y la epopeya de su Gran Guerra Patria, demuestran, en primerísimo
lugar, la superioridad del sistema socialista (APLAUSOS), la fortaleza del
sistema socialista y la fuerza de las ideas marxistas-leninistas! (APLAUSOS)
Las tropas nazis, acostumbradas a
pasearse victoriosas por Europa, envanecidas de sus victorias, convencidas de
la invencibilidad de sus tácticas de guerra relámpago, imaginaron también que
la Unión Soviética se desplomaría, que Leningrado y Moscú serían tomados en
cuestión de semanas, que la guerra relámpago triunfaría también allí. Y sin
embargo, en todas partes encontraron una feroz resistencia. Se acercaron
incluso a Leningrado, pero no pudieron tomar a la ciudad de Lenin (APLAUSOS).
¡Y el pueblo de Leningrado resistió el cerco fascista durante 900 días!
Si se analiza la historia de
todas las guerras, será muy difícil encontrar una ciudad que haya resistido un
cerco de 900 días. Morían los leningradenses de frío y de hambre, se
desplomaban en las calles incesantemente bombardeadas por la artillería
fascista; ¡pero los hombres y mujeres de Leningrado no se rendían! (APLAUSOS)
Se acercaron las tropas fascistas
a Moscú con el grueso de sus fuerzas —como explicó el embajador soviético—,
pero Moscú no pudo ser tomada, Moscú no se rendía, Moscú resistía, y no solo
resistía sino que contraatacaba y tomaba la ofensiva (APLAUSOS).
Avanzaron el segundo año de
guerra considerables fuerzas fascistas sobre Stalingrado, y se acercaron a
Stalingrado, e incluso tomaron una parte de Stalingrado. Pero las tropas
soviéticas, en unos cuantos cientos de metros entre la ciudad y el río,
resistieron. ¡Y libraron allí la más grande batalla de la historia de las
guerras!
En días recientes, precisamente
el Primero de Mayo, tuvimos el honor de iniciar el desfile obrero en compañía
de dos héroes soviéticos. Y entre ellos estaba el famoso sargento Pavlov
(APLAUSOS), que durante 58 días, en una edificación semidestruida, con un
puñado de hombres resistió a las tropas fascistas.
Stalingrado resistió. Stalingrado
no se rindió. ¡Stalingrado inició precisamente el viraje de la guerra,
aniquilando a uno de los más poderosos ejércitos de Hitler! (APLAUSOS)
De nuevo, en el tercer año de
guerra, los fascistas trataron de tomar la iniciativa y reunieron poderosísimas
fuerzas, otra vez en dirección a Moscú. Y se libra la famosa batalla del Arco
de Kursk, que fue otro de los más encarnizados combates de la guerra, en que de
nuevo las tropas fascistas se estrellan continúa la heroica resistencia de los
soldados soviéticos.
Y luego, cuando el ejército
soviético toma la ofensiva, cuando llegó la hora de ajustar cuentas
definitivamente, se inicia el avance hacia el territorio de los fascistas. Y se
escriben páginas inmortales y gloriosas, en que sobresalen el heroísmo del
soldado, el patriotismo del pueblo, la superioridad de la técnica y, sobre
todo, la superioridad de los principios revolucionarios. Las tropas soviéticas
no se detuvieron hasta el mismo corazón de la Alemania fascista, ¡hasta el
mismo día que en la cúspide del Reichstag pusieron la gloriosa y victoriosa
bandera del pueblo soviético! (APLAUSOS)
Estas extraordinarias hazañas se
pueden tal vez enumerar en breves minutos, pero el caudal de esfuerzo, de
heroísmo y sacrificio que implicaron no es fácil de medir.
¿Cómo pudo el pueblo soviético
reaccionar, recuperarse de los golpes iniciales de más de 5 millones de
soldados y la maquinaria bélica agresiva más poderosa que hasta entonces había
conocido el mundo? ¿Cómo pudo aquel pueblo, en medio de aquel ataque, a pesar
de la profundidad del avance de las tropas enemigas, a pesar de las enormes
pérdidas materiales y humanas, recuperarse? Porque si grande fue la proeza de los
soldados, extraordinariamente grande fue la proeza de todo el pueblo.
Ello se explica, en primer lugar,
por la presencia de un partido aguerrido: el Partido de Lenin, el Partido
Comunista de la Unión Soviética (APLAUSOS), organizador de la revolución,
organizador de la construcción, organizador del pueblo y de las fuerzas armadas,
organizador de la defensa de la patria socialista.
Suelen los hombres hablar de las
grandes hazañas militares, pero junto con aquellas hazañas militares estuvieron
las hazañas civiles, como fue, por ejemplo, el traslado de miles de fábricas a
la retaguardia. El pueblo soviético, dirigido por el Partido, fue capaz de
desarmar todas aquellas industrias que podían caer en manos del enemigo y que
se necesitaban para la defensa de la patria, trasladarlas a la profunda
retaguardia, y montar de nuevo aquellas fábricas en lugares donde en ocasiones
no había ni una sola casa, no había una sola construcción; y echarlas a andar
en cuestión de meses, ¡muchas veces en cuestión de semanas! Fábricas que tardan
normalmente años en edificarse, comenzaron a producir a las pocas semanas de
haber llegado a aquellos sitios las primeras máquinas.
¡La proeza de la economía
soviética y de la población civil soviética estuvo a la altura del heroísmo de
sus soldados!
En estepas cubiertas de nieve,
sin calefacción alguna y muchas veces sin alimento, realizaban aquellas épicas
tareas. Y es por eso que a pesar de la agresión fascista, a pesar del ataque
artero, a pesar de las pérdidas iniciales, la industria soviética producía cada
vez más tanques, más aviones, más fusiles, más cañones, más parque y más
suministros de guerra.
¡Qué lejos estarían de pensar los
generales fascistas, cuando sus tropas se acercaban a Leningrado o a Moscú o a
Stalingrado, que algún día 40 000 cañones soviéticos estarían asaltando a
Berlín! (APLAUSOS) Esta fue la inmensa, la gigantesca proeza del pueblo
soviético en la Gran Guerra Patria.
No seríamos justos si negáramos
los sacrificios que hicieron otros pueblos.
Nosotros escuchamos con mucha
atención el brillante discurso del Embajador soviético. El recordaba, uno por
uno, a todos los países que dieron una importante contribución a la victoria
contra el fascismo. El recordaba el movimiento clandestino, a la resistencia, a
la lucha abierta en otras ocasiones, y la contribución a la victoria de todas las
fuerzas que participaron en la alianza antifascista. Justo es reconocerlo.
Pero el hecho cierto es que
durante muchos años se trató de disminuir el rol extraordinario que había
tenido la URSS en la victoria contra el fascismo. En Occidente se escribían muchos
libros, muchas historias, se escribía sobre muchas batallas exaltando su
participación en la guerra; incluso en Occidente se escribió mucho sobre las
supuestas proezas militares de los propios generales fascistas.
Sin embargo, el hecho cierto,
histórico, incuestionable es que fueron precisamente el pueblo y el ejército
soviéticos quienes llevaron el peso fundamental y decisivo en la derrota del
fascismo. Fue el pueblo soviético el que pagó el precio mayor, y el que realizó
el aporte fundamental a la victoria. Sin ese aporte habría sido absolutamente
imposible la derrota del fascismo. No se puede comparar la participación de
ningún otro país al aporte soviético.
En Estados Unidos, por ejemplo,
ni una sola ciudad fue ocupada por el enemigo, ni una sola casa fue destruida,
ni una sola industria fue desmantelada. El pueblo norteamericano no conoció
directamente los horrores de la guerra. La economía norteamericana prosperaba:
las ganancias de las empresas norteamericanas durante la guerra sobrepasaron los
100 000 millones de dólares.
Cuando la guerra concluye, una
gran parte de la industria y de la economía soviética estaba destruida; una
gran parte de la riqueza del pueblo soviético había desaparecido en aras de la
victoria contra el fascismo. Cuando la guerra concluye, casi todo el oro del
mundo había ido a parar a Estados Unidos.
Y cuando la humanidad esperaba
ansiosa un período de paz, surgen de nuevo los peligros de guerra: de nuevo el
pueblo soviético se veía amenazado, centenares de bases militares agresivas
fueron construidas alrededor de la Unión Soviética.
Durante muchos años el pueblo
soviético se vio obligado a iniciar en condiciones muy duras el trabajo de la
reconstrucción de su país, e incesantemente amenazados por armas nucleares y
equipos militares de todo tipo. Se había iniciado la tenebrosa era de la guerra
fría.
Pero no habían terminado, con la
victoria sobre el fascismo, los grandes servicios que el pueblo soviético había
prestado ya a la humanidad. Si su contribución a la victoria sobre el fascismo
fue decisiva, su contribución a evitar una nueva guerra mundial, a preservar y
a consolidar la paz del mundo ha sido también decisiva.
¡Con cuánto esfuerzo, con cuánto
sacrificio de nuevo los soviéticos se vieron en la necesidad de construir la
economía y fortalecer sus defensas, desarrollar la ciencia y la técnica militar
para poder enfrentar los mortales peligros que los amenazaban!
Y así, al cabo de pocos años, ya
los imperialistas no tenían el monopolio de las armas nucleares, ya no tenían
el monopolio de las armas de destrucción en masa, ya no tenían la superioridad
militar que les permitía imponer sus condiciones al mundo. Y de nuevo emergía
un poder, de nuevo emergía un escudo poderoso entre los imperialistas y los
pueblos del mundo, entre los propulsores de la guerra y los defensores de la
paz.
¿Qué habría sido del destino de
la humanidad? ¿Qué habría sido para todos los pueblos del mundo? ¿Qué habría
significado la ausencia de esa fuerza, de ese escudo? Si de nuevo la humanidad
no conoció los horrores de una guerra mundial, ello se debe a la política de
paz y al poderío de la Unión Soviética (APLAUSOS).
El derrocamiento del fascismo
creó condiciones nuevas para todo el mundo. Antes de la Segunda Guerra Mundial,
si mirábamos los mapas de África, nos encontrábamos con que no había un solo
pueblo libre en todo el continente africano; si mirábamos al continente
asiático, veíamos que existían muy pocos pueblos que no estuvieran colonizados
en aquel continente; si mirábamos a la América Latina, la veíamos absolutamente
dominada por el imperialismo yanki. Unas pocas potencias se habían repartido el
mundo, lo esclavizaban y lo explotaban.
Han pasado solo 30 años, y hoy
podemos mirar, por ejemplo, los mapas de África. Y hay muy pocos, muy contados
pueblos que no son todavía independientes. Decenas de nuevos países han surgido
allí a la vida independiente en los últimos 30 años.
Si miramos al continente
asiático, vemos que también decenas de países han arribado a la independencia
nacional; si miramos a la América Latina, vemos también que los cambios se van
produciendo, vemos un espíritu más independiente y más libre en los gobiernos
de América Latina —al menos en una parte importante de ellos—, y vemos sobre
todo a Cuba socialista (APLAUSOS).
¿Cómo habría sido posible este
colosal movimiento de liberación mundial sin la Revolución de Octubre, sin la
construcción de un Estado socialista poderoso, sin la victoria contra el
fascismo, sin la reconstrucción de la Unión Soviética después de la guerra y su
poderío técnico-militar, político y económico? ¿Qué habría ocurrido con todos
los pueblos que aspiraban a ser independientes? ¿Cuántos crímenes no se habrían
cometido contra ellos? ¿Cuántas invasiones, cuántas agresiones, cuánto napalm,
cuántos explosivos, cuántas bombas, cuántos bombardeos habrían caído sobre
ellos? ¿Es que acaso los imperialistas habrían de estar de acuerdo con la
independencia de todos esos pueblos? ¿Es que acaso los imperialistas habrían de
estar de acuerdo con la desaparición y el derrumbe del sistema colonial? ¿Es
que los imperialistas habrían permitido la independencia de uno solo de estos
pueblos? ¿Es que los imperialistas habrían ayudado a la liberación de uno solo
de estos pueblos?
¿Sería posible concebir el mundo
de hoy sin la Revolución de Octubre, la victoria heroica del pueblo soviético
sobre el fascismo y el poderoso Estado socialista que hoy constituye la Unión
Soviética? ¿Sería posible concebir la paz del mundo? ¿Sería posible haber
impedido nuevas guerras mundiales?
En las luchas heroicas de todos
los pueblos que han tenido que conquistar su independencia en estas décadas en
medio de grandes sacrificios, ha estado siempre presente la solidaridad de la
Unión Soviética y el campo socialista. En las luchas heroicas de los pueblos
árabes por su independencia, en las luchas heroicas de los pueblos africanos,
de las antiguas colonias portuguesas por su independencia, estaba presente,
invariablemente, la solidaridad de la Unión Soviética y el campo socialista. En
la lucha de todos los pueblos que se han levantado contra el imperialismo y por
su independencia.
¿Y quiénes podemos saberlo mejor
que nosotros? Nosotros, a 90 millas de Estados Unidos; nosotros, bloqueados
económicamente durante casi 17 años; nosotros, a quienes se nos suprimió todos
los suministros de equipos, de materias primas, y sobre todo de combustible.
Nosotros, que cuando estábamos desarmados éramos incesantemente amenazados de
agresiones. ¿Quién lo puede conocer mejor que nosotros que recibimos de la
Unión Soviética las armas para defendernos de las agresiones (APLAUSOS), que
recibimos las armas para resistir el ataque de Girón (APLAUSOS), que recibimos
las armas para constituir un ejército poderoso con que defender las victorias
del socialismo en nuestra patria? ¿Quién lo puede saber mejor que nosotros, que
en estos 15 años hemos recibido más de 2 500 barcos cargados de petróleo?
(APLAUSOS) ¡Nosotros, que en estos 15 años hemos recibido 80 millones de
toneladas de petróleo soviético! (APLAUSOS) ¿Quién lo puede saber mejor que
nosotros, que de la URSS hemos recibido tanta ayuda técnica, tantos créditos,
tantas materias primas, tanta colaboración fraternal y generosa? ¿Quién puede
saberlo mejor que nuestro pueblo? ¿Quién puede conocer mejor que nosotros el
significado histórico de esta fecha?
¡Porque cuando los soviéticos
luchaban y morían en Leningrado, en Moscú, en Stalingrado, en Kursk, en Berlín,
estaban luchando y estaban muriendo también por nosotros! (APLAUSOS) Sus héroes
son por tanto también nuestros héroes. Sus mártires son también nuestros
mártires. ¡Su sangre es también nuestra sangre! (APLAUSOS)
¿Qué habría sido de los
sacrificios inmensos de los pueblos sin la solidaridad y el apoyo de la Unión
Soviética?
En días recientes hemos tenido el
inmenso júbilo de presenciar esa hora histórica en que triunfa definitivamente
la heroica causa del pueblo de Vietnam (APLAUSOS PROLONGADOS). Ellos, igual que
nosotros, contaron con el suministro de armas modernas procedentes de la Unión
Soviética. El pueblo vietnamita, igual que nosotros, en su heroica lucha, se
apoyó en la solidaridad de la URSS y del campo socialista. Y cuando los últimos
y crueles bombardeos de los B-52 azotaban a Vietnam, decenas de esos aviones
fueron derribados por cohetes antiaéreos de fabricación soviética (APLAUSOS).
Estos son los hechos, estas pon
las verdades que nosotros exponemos incesantemente frente a las calumnias
infames de los que tratan de disminuir el mérito, el rol y el papel del pueblo
soviético en los grandes avances y en las grandes victorias que han obtenido en
los últimos años los pueblos del mundo. No hay una sola causa justa en este
mundo detrás de la cual no haya estado la solidaridad de la URSS y del campo
socialista (APLAUSOS), ¡campo socialista que surge potente como consecuencia de
la victoria que conmemoramos en el día de hoy!
Por eso la importancia de este
aniversario, que dio lugar al aplastamiento del fascismo, el surgimiento del
campo socialista, el desplome del sistema colonial y el surgimiento de decenas
de naciones independientes. Si los imperialistas hoy día, en medio de sus
crisis energéticas y de materias primas, no se lanzan con el cuchillo en la boca
a repartirse de nuevo los recursos naturales del mundo; si no se lanzan con el
cuchillo en la boca a castigar cualquier nacionalización; si no se lanzan a
tomar físicamente esos recursos, es sencillamente porque existen la Unión
Soviética y el campo socialista (APLAUSOS).
Estas son sencillamente las
grandes verdades históricas que prevalecerán siempre.
Mencionábamos hace unos minutos
la victoria del pueblo vietnamita como ejemplo de solidaridad, pero
mencionémosla también como ejemplo del heroísmo incomparable de un pueblo.
Digamos que la victoria del pueblo vietnamita constituye también una de las más
grandes proezas de la historia humana, y uno de los más grandes reveses del
imperialismo.
Pero la historia tiene sus
ironías. La historia ha querido, irónicamente, que a los 30 años de caer
Berlín, el mismo día exactamente, cayera Saigón (APLAUSOS); la historia ha
querido que a los 30 años de la victoria sobre el fascismo hitleriano, 30 años
exactamente, se produjera la grandiosa victoria vietnamita contra el
imperialismo yanki; y la historia, irónica, ha querido que este mes de abril
sea una especie de mes de los revolucionarios. Porque no solo nació Lenin en el
mes de abril —y eso es más que suficiente para inmortalizar al mes de abril
(APLAUSOS)—, el 30 de abril de 1945 cayó Berlín, el 19 de abril de 1961 cayó
Girón, primera derrota del imperialismo en América; el 17 de abril de 1975 cayó
Phnom Penh, y culmina la gloriosa victoria del heroico pueblo de Cambodia
(APLAUSOS); el 30 de abril cayó Saigón, y culmina la victoria de 30 años de
lucha del pueblo vietnamita (APLAUSOS). Ah, y Raúl me recordaba: el 25 de abril
del pasado año, la revolución en Portugal (APLAUSOS).
Esas son razones muy profundas
para que festejemos con alegría, con emoción y con optimismo, este XXX
Aniversario de la victoria heroica del pueblo soviético sobre el fascismo
(APLAUSOS).
Marcha adelante victoriosamente
la causa de la revolución y del socialismo, la causa de Marx, Engels y Lenin
(APLAUSOS), la causa de Ho Chi Minh (APLAUSOS), la causa de Martí y de Maceo
(APLAUSOS), de Camilo y del Che (APLAUSOS), la causa de todos los revolucionarios,
la causa de los marxistas-leninistas, la causa del socialismo, la hermosa causa
del comunismo. ¡Y de la extraordinaria contribución que el pueblo soviético ha
dado a esta causa de la humanidad, los pueblos del mundo estarán eternamente
agradecidos! (APLAUSOS)
¡Viva el mil veces glorioso
pueblo soviético! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!"
¡Viva la amistad eterna entre la
URSS y Cuba! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!")
¡Viva el internacionalismo
proletario! (EXCLAMACIONES DE: "¡Viva!")
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

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