El 7 de agosto de 1983, en medio del fragor de la batalla en Cangamba, Angola, Fidel escribió una carta que no solo alentó a los combatientes cubanos y angolanos, sino que se convirtió en testimonio de una ética internacionalista que aún nos interpela. En ella, Fidel no habla desde la distancia del mando, sino desde la cercanía de quien comparte el riesgo, el dolor y la esperanza.
La presencia de Cuba en África no fue motivada por intereses económicos, territoriales ni estratégicos. Fue una expresión radical de solidaridad: Cuba no participó en la liberación de los pueblos africanos en busca de ningún beneficio. Lo hizo por convicción, por historia compartida, por el deber moral de acompañar a quienes luchaban contra el colonialismo y el apartheid.
Hoy, cuatro décadas después, esta carta vuelve a nosotros como un eco de valentía y compromiso. La publicamos aquí no solo como documento histórico, sino como semilla de memoria viva. Que sus palabras nos convoquen a pensar en el coraje, la solidaridad y el sentido profundo de luchar por la dignidad de otros pueblos como si fuera la nuestra.
A los cubanos y a la 32 brigada FAPLA que luchan en Cangamba.
Queridos compañeros:
Durante días hemos seguido hora a hora la heroica resistencia de ustedes frente a fuerzas muy superiores en número y medios de los títeres de Sudáfrica en Cangamba.
Hemos adoptado todas las medidas para apoyar las tropas sitiadas. El envío de refuerzos cubanos por helicópteros a ese punto es prueba de nuestra determinación de librar y ganar esa batalla junto a los angolanos.
Poderosas columnas blindadas avanzan ya rápidamente en dirección a Cangamba.
Todo depende ahora de la capacidad de ustedes para resistir el mínimo de tiempo indispensable para que sus tropas lleguen a su objetivo.
Si el enemigo toma Cangamba no tendrá piedad con los heridos y prisioneros.
Desde sus posiciones, bien atrincherados, con serenidad, confianza en sí mismos y total determinación deben rechazar los ataques enemigos, resistir a pie firme el fuego artillero y aniquilar a los que intenten apoderarse de la posición.
Es preciso ahorrar municiones y asegurar un fuego certero, así como soportar con firmeza el hambre y la sed si se agotan los víveres y el agua.
Todos los medios y fuerzas cubanas se emplearán si fuera necesario para liberarlos del cerco enemigo.
Nuestras tropas llegarán rápido, en tres o cuatro días, pero si la distancia, los obstáculos naturales y la acción del enemigo las retrasan el doble o el triple del tiempo, o aún más, hay que resistir, porque llegarán allí a cualquier precio.
Que Cangamba se convierta en cementerio de los mercenarios que sirven a los odiosos intereses de los racistas surafricanos.
Que Cangamba sea un símbolo imperecedero del valor de los cubanos y angolanos.
Que Cangamba sea ejemplo de que la sangre de angolanos y cubanos derramada por la libertad y dignidad de África no ha sido en vano.
Confío en el valor insuperable de ustedes y les prometo que los rescataremos cueste lo que cueste.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Fidel Castro
Agosto 7 de 1983. 6 p.m.

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