En la tarde del 2 de septiembre de 1980, mientras en Cuba se iniciaba un nuevo curso escolar, el Comandante en Jefe Fidel Castro se dirigió al pueblo en el recién inaugurado Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA).
Este discurso no fue solo la apertura de una institución. Fue la siembra de una visión: la de una Cuba capaz de defender su soberanía alimentaria, su salud animal y vegetal, y su vocación científica desde la raíz misma de su tierra.
Fidel habló con la claridad de quien conoce el campo, con la pasión de quien cree en el conocimiento como herramienta revolucionaria, y con la firmeza de quien confía en los jóvenes médicos, veterinarios y agrónomos como protagonistas de un futuro digno.
Sus palabras delinearon no solo los objetivos del CENSA, sino el espíritu que debía animarlo: el compromiso proletario, la vocación investigativa, y la defensa de la agricultura como pilar de la economía y la vida nacional.
Hoy, al volver sobre este discurso, no solo recordamos una fecha. Recordamos una apuesta por la ciencia cubana, por la autosuficiencia, por la dignidad. Y sobre todo, por la capacidad de soñar en colectivo.
https://www.youtube.com/watch?v=VRhWxS7QjKs
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